domingo, 7 de marzo de 2010

las virtudes femeninas y el mercado laboral

Las virtudes femeninas y el mercado laboral

Que la mujer ha logrado un espacio dentro del ámbito público es un hecho indiscutible. Sin embargo, el mercado laboral todavía no ofrece iguales oportunidades para hombres y mujeres. El reconocimiento de las diferencias y el aporte original de las capacidades femeninas pueden convertirse en el factor que modifique las condiciones de un estilo de trabajo diseñado por y para varones.

El panorama es alentador, al menos, para ellas. Según las últimas cifras del Ministerio de Educación, en 2002 hubo casi un 19% más de egresadas que egresados en las universidades estatales y un 16% de diferencia en las privadas. De los más de 50.000 egresados de universidades públicas, 30.000 fueron mujeres, como más de 9.000 de los 18.000 graduados de las privadas.

La cuestión problemática es que esta diferencia no se refleja en el mundo laboral. Si bien la inserción femenina en el mercado del trabajo es un hecho consumado, todavía el acceso en igualdad de oportunidades no parece haber alcanzado su estado ideal. Además, ellas no sólo tienen problemas en la inserción laboral, sino que son pocas las mujeres que llegan a puestos de decisión estratégica. Por otra parte, una vez que llegan a esos espacios, deben convertirse en verdaderas malabaristas para seguir el ritmo de carreras profesionales diseñadas por y para varones.

¿Por qué, entonces, afirmar que el panorama es alentador? Lo positivo no sólo proviene de una evidente mayor capacitación femenina, sino de que las mujeres de la actualidad tienen el desafío de modificar las reglas de juego para ellas y para quienes vengan detrás. Quizás, el desafío consista en aprender a valorar la diferencia sabiendo que es la diversidad la fuente de comprensión y riqueza de un mundo cada vez más complejo. Janne Haaland Matlary, investigadora noruega de la Universidad de Oslo, plantea en su libro El tiempo de las mujeres. Notas para un Nuevo Feminismo que “el principal objetivo de las mujeres es conseguir el reconocimiento de sus diferencias respecto a los hombres y esas diferencias deben quedar reflejadas en la organización dela vida profesional”.



Virtudes femeninas: construcción vs. naturaleza.

En principio, se trata de reconocer y valorar las diferencias que cada persona tiene como ser humano único e irrepetible. “Cada persona es portadora de una iniciativa original que puede enriquecer la tarea común, pues su legado cultural, su experiencia individual y su historia constituyen un paquete único de elementos que dan a su punto de vista y a sus intervenciones un carácter peculiar”, subraya Paola Delbosco, Doctora en Filosofía e investigadora del IAE.

Ahora bien, se trata, en este caso, de reconocer aquel aporte que puede realizar la mujer, como tal, frente al varón. Con respecto a este punto de vista, el debate entre distintas posturas se centra sobre el origen de dicho aporte que se traduce en determinadas características y habilidades femeninas.

Hay quienes afirman que tales características son construcciones sociales. “Las diferencias entre hombre y mujer vienen por la socialización”, señala Graciela Di Marco, investigadora en familia y mujer de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Este punto de vista proviene de la llamada perspectiva de género que afirma que tales diferencias son construcciones de identidad que actúan como instrumentos de poder en la sociedad. Cecilia Lagunas, Directora de la Carrera de Especialización de Estudios de las Mujeres y Género de la Universidad Nacional de Luján (UNLu), señala que “no existe una esencia femenina, se trata de un constructo cultural que la teoría de género ha develado en numerosos estudios que se vienen realizando desde fines de los 70”.

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